La escena under nacional puesta en balanza

Siempre he comparado de cierta forma la escena musical en el país con nuestra situación socioeconómica. Las distintas corrientes musicales que atraen y mueven público siempre se han mantenido en un ciclo de desarrollo que parece nunca terminar. Sin embargo, en los últimos años se ha hecho notar un crecimiento destacable dentro de la escena misma que no se veía hace años.

Guatemala, por diversas razones -podemos incluir que somos parte de Latinoamérica, la cultura misma del país y la situación histórica, entre muchos otros factores- ha sido un país con gustos musicales puramente populares. No obstante, siempre han existido pequeños espacios para que la diversidad de géneros musicales escalen en popularidad dentro de los círculos creados por los simpatizantes mismos. El Rock es el perfecto ejemplo de esto. Viviendo a la sombra de géneros como el Reggaeton, la Cumbia o la música de Banda, el Rock ha tenido destellos en las distintas generaciones de los últimos 30-40 años. Pero no voy a entrar mucho en detalles con respecto a este género musical, no porque no me guste, sino porque no he vivido la escena nacional lo suficiente como para poder opinar libremente.

Durante los últimos cinco años he sido parte del boom -porque tristemente no estuve en sus inicios- que ha ocasionado la música electrónica en el país. Nadie sabe exactamente en qué año empezó la escena, pero platicando con amigos más grandes que yo y con más experiencia en el campo, puedo asumir que inició propiamente a finales de los ’90 con fiestas de house, techno y progressive. Luego, como todas las cosas, esta primera escena llegó a su punto de popularidad y posteriormente a su fin. Como todas las cosas, los gustos fueron evolucionando, dándole prioridad al trance y luego al conocido EDM -Electronic Dance Music-.

Los últimos años la escena volvió a sus orígenes, centrándose en el house y, principalmente, en el techno. A pesar de haber pasado a segundo plano durante bastante tiempo, la escena ”under” -que de underground ya solo tiene el nombre- siempre se mantuvo aunque su público objetivo se fuera reduciendo y limitando con los años. Y es que, la esencia de fiesta y convivencia siempre ha existido dentro de dicho movimiento. Es, tal vez, la única escena que ha aprendido a acoplarse y aceptar distintos tipos de personas sin importar orientación sexual, origen o estado socioeconómico; claro que siempre hay excepciones.

La escena local en un principio era un poco reducida y conseguir tocar frente a un público parecía prácticamente imposible a la mayoría de djs nacionales. Lugares como The Box, eran los pocos que ofrecían un espacio constante a los artistas nacionales para utilizar un equipo profesional. Abierto prácticamente toda la semana, fue la vía de desarrollo paara muchos djs nacionales. Cada vez era más gente la que frecuentaba este tipo de bares, el house y el techno empezaron a ganar popularidad. A pesar de su afluencia promedio, distintas promotoras hicieron el esfuerzo de traer artistas de la talla de Olivier Giacomotto y John Acquaviva o la fiesta de Carlo Lio y Paco Osuna que todos recuerdan.

Luego, apareció The Secret Garden, que en sus principios fue conocido como la casa en el callejón frente a KFC. Este venue fue quizás el impulso necesario para dar el salto internacional en las fiestas. Si me pusiera a recordar cada una de las fiestas que generaron un impacto en la escena local, podría pasar horas escribiendo; por eso voy a resaltar la fiesta con Stacey Pullen, que para mí, ha sido la mejor fiesta en TSG. En ese entonces, nunca había visto un lugar tan lleno para un evento y todos en el dancefloor bailaron de principio a fin.

Llegó un momento en el que las fiestas con artistas internacionales de renombre se volvieron cada vez más frecuentes, al punto de tener alrededor de 3-4 al mes. La escena creció de una forma inesperada del 2014 para acá. La inauguración de One Club fue, a mi parecer, cuando la escena dio el paso necesario para destacar a nivel regional. Me atrevería a decir que el evento de Empire Promotions y Danzón con Green Velvet fue la catapulta para crear una tendencia a nivel nacional. El ambiente de fiesta que hubo de principio a fin, el lugar lleno, la gente con un feeling descontrolado y, por supuesto, una actuación de otro nivel por parte de Green Velvet.

A partir del 2015 las fiestas under se volvieron en una de las principales atracciones de la vida nocturna en la ciudad y ya era común ver flyers con grandes artistas cada semana, incluso las mismas semanas o días, lo cual fue creando un sentido de competencia que, a largo plazo, puede llegar a ser dañino para la escena misma. Ahora, hemos llegado a un punto en el que existe una saturación innecesaria de fiestas. Quién sabe cuáles son los motivos -ambición por parte de las promotoras, riñas personales o simplemente que todo se salió de las manos- que eventualmente te lleva a estancarte. El público ya no se da abasto y tras haber presenciado a artistas como Richie Hawtin y Paco Osuna en el EMF, han elevado considerablemente sus estándares.

Lo que debería proseguir para que la escena no se infecte, sería empezar a crear una cultura de producción entre los artistas nacionales para que a largo plazo, puedan destacar a nivel internacional y que se abran las puertas para ellos mismos y exportar talento nacional a la escena mundial.

 

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