La difícil vida de una perra con epilepsia

Mis mascotas siempre han jugado un rol esencial en mi vida. Cada perro que he tenido ha sido como un hijo para mí y siempre hago lo que puedo para que lleven la mejor vida posible. Tristemente, he tenido perros que se han enfermado seriamente y no he podido hacer nada, más que ayudarlos a que lleven una vida feliz en el tiempo que les queda.

Desde hace cinco años, tenemos a dos chihuahuas en mi casa, la Enana y la Canche -yo sé, los nombres más genéricos-. Fuimos a un criadero y el plan era llevarnos solo a una, al llegar mi hermana se enamoró de la Enana y ya nos íbamos a ir, pero mi papá no aparecía por ningún lado. Lo fuimos a buscar al corral donde estaban el resto de perritos y para nuestra sorpresa, tenía a otra perrita que le pidió que la cargara; la Canche. Inmediatamente se ganó el corazón de mi papá y decidió llevarla a ella también. Terminamos con dos perritas en vez de una, aparte de otras dos que ya teníamos (una ya murió y la otra sigue con nosotros).

La Canchita siempre ha sido una perrita muy feliz desde el primer día que llegó a mi casa. Como la mayoría de chihuahuas, padece problemas de los nervios desde que era cachorrita. Siempre que llueve y se escuchan truenos, ella se mete en las sábanas de la cama en la que esté o se esconde en el clóset de mi mamá. Nunca le dimos mucha importancia a esto, creyendo que solo eran nervios o miedo, emociones normales en esta raza.

La Canche siempre ha sido una perrita feliz a pesar de su enfermedad.

Cuando tenía aproximadamente un año, tuvo una ”crisis nerviosa” (qué ingenuos fuimos mis papás y yo al pensar que era eso), en la que sus patitas traseras se paralizaron por completo y se le cerraba un ojo mientras temblaba sin control. La llevamos a una clínica veterinaria de inmediato a que la chequearan. La veterinaria no supo bien qué era lo que tenía y nos recomendó darle Energel, una especie de miel especial para regular su sistema nervioso y subirle los niveles de azúcar.

Eso le sirvió durante bastante tiempo, pero no fue completamente efectivo. Luego de varias ”crisis nerviosas”, su veterinaria decidió recetarle Traumeel, la cual es una medicina natural para humanos, pero que también se le puede dar a perros. El Traumeel es relajante natural bastante efectivo, sin embargo no era la medicina que la Canche necesitaba en realidad.

Hace unas semanas, tuvo alrededor de 30 ataques nerviosos en 3 días, algo que nunca le había pasado. Cada ataque era más fuerte que el anterior, al punto que se le paralizó todo el cuerpo y convulsionó en repetidas ocasiones en los últimos ataques. Nos preocupamos muchísimo en mi casa y nos sentamos a platicar porque definitivamente no era una simple crisis nerviosa. El sábado de esa semana, tuvo una serie de ataques sumamente fuertes, mis papás no lo pensaron dos veces y la llevaron a un hospital, el cual no recuerdo su nombre, en zona 10.  Estando ahí, el doctor que la chequeó le dijo a mis papás lo que no querían escuchar y que tanto temían; la Canche resultó siendo epiléptica.

Mis papás al enterarse de esto, compraron los medicamentos necesarios, los cuales son Fenobarbital (para la epilepsia) y Diazepam (para relajarla cuando tiene un ataque). Estos medicamentos sirvieron la primera noche y de tener 10-15 ataques en un día, la Canche solo tuvo 4-5. En cada uno de sus ataques se le deforma la cara por unos minutos y sus patitas se paralizan por completo, voy a compartir un video tomado por mi papá en el que mi hermana la sostiene mientras sufre uno de estos ataques:

Con el pasar de las semanas, los ataques fueron disminuyendo y la mayoría de veces son un tanto leves. Sin embargo, la Canche no ha podido seguir su vida normal. Ahora, al estar medicada todo el tiempo, duerme gran parte del día y no es la perrita llena de energía y juguetona que siempre ha sido. Cada vez que tiene un ataque y le administramos el Diazepam, pasa por lo menos un día sin energías y le cuesta caminar y mantenerse de pie.

Pero esta enfermedad no ha derrotado a la Canche. Es una perrita que ha luchado de una manera admirable y su humor no ha cambiado en lo más mínimo. Sigue recibiendo a mi hermana, mis papás y a mi con una gran alegría cada vez que llegamos a la casa y juega por ratos con su hermana -sí, en realidad sí es su hermana y no lo digo solo por decirlo-.

La enfermedad de la Canche nos tomó por sorpresa a mi familia y a mí. Quisiera poder hablar con todas las personas que tienen animales con epilepsia y explicarles todo lo que me han explicado a mi distintos veterinarios, médicos y amigos, pero tristemente es imposible. Pero a todos ustedes lectores, los exhorto a que cuiden a sus mascotas y presten atención a cualquier anomalía que vean en el comportamiento de su mascota. La mejor forma de combatir una enfermedad es prevenirla antes de que se agravie; luego puede ser muy tarde y pueden pasar con remordimiento el resto de su vida. Afortunadamente nosotros pudimos empezar a tratar a tiempo a la Canche y espero que pueda llevar una vida normal.

La familia de cuatro patas de mi casa. Lola, Enana, la Canche y Ramona.

 

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