Bajo la sombra del Imperio

El evento de música más grande en Guatemala y Centro América hasta ahora, es conocido como el EMF o Empire Music Festival por sus siglas en inglés. El motivo por el cual busqué entrar en esta quinta edición del evento, fue al percatarme que múltiples bandas nacionales fueron convocadas en redes sociales. Este fue el primer EMF donde nuevas bandas nacionales tendrían un papel aparentemente activo y con los mismos estándares que los artistas internacionales… o al menos eso esperaba.

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Gracias a un patrocinio privado tuve la suerte de asistir, pues la entrada estándar tenía un valor aproximado de $100 USD; nada fuera de lo usual para experimentar en vivo a tantos artistas locales como extranjeros. Mi objetivo, documentar a las bandas nacionales compartiendo escenario, público y tiempo de caridad entre ellas mismas.

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Asistiendo por primera vez y sin saber qué esperar, me encontré con el equipo de seguridad en la entrada, quienes me indicaron que mi sombrilla de mano podría ser utilizada como un arma. Luego de meditar brevemente sobre recorrer kilómetro y medio para dejarla en mi carro, opté por abandonar mi herramienta de sombra en la basura, no sin antes inutilizarla irreparablemente, al menos eso los distrajo del cuchillo en mi bota. Al ingresar me topé con un ambiente tolerante e inclusivo que invitaba a ser una versión exagerada y libre de uno mismo, con todos los extras como lo fue la estación para llenarse la piel de colores, deslizarse por un resbaladero gigante, tomarse fotos en cabinas preparadas, pasear en teleférico, participar en juegos de alcoholismo o adquirir la mercancía del evento y sus patrocinadores. Simplemente caminar para visitar los cuatro escenarios, resultaba en un recorrido de poco más de 20 minutos, sin mencionar los múltiples y variados puestos de comida.

Escenario: BOREAL

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Atravesando la estructura de metal y tela que daba acceso al evento, el escenario BOREAL pasaba casi inadvertido, instalado a la derecha de la entrada. Me parecía injusto desde el comienzo pero quise imaginar que esto fue pensado por motivos de acústica, aunque un par de los nuevos exponentes interpretaron en el escenario SOL (significativamente mejor equipado). Sus horarios no fueron exactamente los mas idóneos, justificando esto por su nivel de popularidad. La diferencia en los recursos enfocados hacia los artistas extranjeros fue abismalmente obvia desde los escenarios, hasta la manera de llegar a ellos y resulta comprensible al comparar los niveles entre Zomboy y Filoxera, Matisyahu y Humus Fuga o Steve Aoki y cualquier artista nacional, cruda realidad al comparar sus seguidores, ventas e imagen a nivel global como su trayectoria; ¿pero acaso no es la idea de un festival en acortar esa brecha?

Escenario: LUNA

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Obviamente enfocado hacia un mercado joven y americanizado que generalmente apela hacia la cultura popular o trending (de tendencia masiva), era lógico que apuntaran sus recursos en la música electrónica y los artistas internacionales. Al menos durante un corto lapso de tiempo se logró una mezcla inusual que permitió un intercambio cultural y musical, incluso con bandas que operan en México y Estados Unidos y que poseen integrantes de origen Guatemalteco, como The gitas y Ming. Al final bajo mi percepción, pareció más un relleno de tiempo que un complemento con las artistas extranjeros, pues el respeto a las interpretaciones se vieron afectadas casualmente solo para los artistas guatemaltecos. Entrada la noche, cuando elevaron el volumen del escenario SOL sin considerar irrumpir a quienes escuchábamos a las bandas nacionales. Irónicamente fue cuando inicio el genero del reggaeton que se reportaron robos.

Escenario: PERDIDOS

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Debo admitir que la ejecución de dicho evento, las interpretaciones de los artistas y la ubicación fueron bien pensadas, lástima el trato para con nuestros exponentes en música y la falta de seguridad que provocó molestias para varios espectadores del evento, así como para algunos intérpretes del mismo.

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Pagando unicamente $100 USD (dólares estadounidenses) por cada banda guatemalteca (sí, así es) y un “all you can drink” de consuelo para cada artista, la justificación y consentimiento quedó perpetuada.

Espero este modelo de negocios no perdure o cambien en su modalidad porque no ofrece un trato sustancial a menos de que los artistas posean éxito propio, orientándose no por su capacidad, talento o contenido, sino más bien por la cantidad de seguidores, promociones y likes en redes sociales, a medida de cómo las nuevas propuestas musicales logren organizarse y crecer afuera de estas ofertas mediocres, obligarán a quien desee contratarlos a futuro en cumplir sus estándares, rebelándose hacia lo establecido, en contra de un imperio que solo busca su propio beneficio.

Andres R. Chevez

Published by andresrchevez

Writer, manager, networker, cook, bard, entrepreneur, daydreamer and night thinker.

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